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El derecho del niño a una familia

La Nación, 12 de octubre de 2009
 
Por Marisa Herrera
 
 
Cuando se habla de adopción, suele hacerse hincapié en los tiempos que debe esperar una pareja para adoptar un hijo. ¿Por qué se insiste en esto? La mirada debe estar puesta en el derecho de todo niño a vivir en familia, en la de origen en primer término, y, si ello no es posible, en una familia adoptiva.
Por lo tanto, centrados en los niños, el interrogante es conocer de qué historias familiares provienen, y acá uno podrá ver que no siempre es sencillo decretar la adoptabilidad de un niño. ¿Acaso a una madre en condiciones de soledad y pobreza tan profundas el Estado debe revictimizarla a través de la figura de la adopción (quitándole su hijo porque no puede ?no "no quiere"?criar a su hijo)?
Es claro que la adopción no es una figura para pasar niños de familias con graves problemas socioeconómicos a familias que están muy lejos de ello. La adopción sí es una figura jurídica necesaria cuando una familia, por otros motivos de diversa índole, no quiere o no puede hacerse cargo de criar un niño.
Acá yace uno de los principales nudos del famoso tema de "los tiempos". ¿Cuándo un juez decreta el estado de adoptabilidad de un niño porque entiende que la madre u otro familiar no puede asumir esa responsabilidad? Es aquí donde el tiempo pasa, los chicos son separados de su familia de origen por esta dificultad, ingresan en un sistema de cuidados alternativos y cada vez se vuelve más difícil y complejo el regreso al hogar, pero también que se decida su adopción.
Es necesario desmitificar la idea de que todas las familias y los vínculos familiares deben ser mantenidos a cualquier costo. Lamentablemente, no todas las familias son el mejor ámbito para el desarrollo de los hijos. Pero la adopción tampoco es la solución para "los chicos que están mendigando en la calle"; estos chicos tienen familia y el Estado debe empoderarlas y no revictimizarlas quitándoles a sus hijos.
El dilema es saber cuándo, hasta dónde y con qué herramientas se cuenta para lograr el fortalecimiento real de las familias y que ello sea, a la vez, lo que mejor satisfaga el principio rector en materia de infancia, como lo es alcanzar su "interés superior". No es otra cosa que el ansiado equilibrio entre la intervención estatal a través de la figura de la adopción y la autonomía privada o el respeto por la familia de origen.
La autora es doctora en Derecho e investigadora del Conicet.
 
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