Hablar importa. Y mucho.
El bullying muchas veces crece en el silencio: en lo que no se dice, en lo que no se pregunta, en lo que no se escucha.
Por eso, como adultos, no podemos mirar para otro lado. Necesitamos estar, abrir espacios y animarnos a conversaciones que a veces cuestan, incomodan y duelen. Porque los chicos necesitan adultos que acompañemos también desde la palabra.
En el día mundial contra el acoso escolar, HABLEMOS.





