El MPT en los medios

InicioViolaciones en grupo: una de las más brutales expresiones de la cultura machista
InicioViolaciones en grupo: una de las más brutales expresiones de la cultura machista

Violaciones en grupo: una de las más brutales expresiones de la cultura machista

Clarín, 5 de febrero de 2020

Qué hay detrás de los ataques sexuales perpetrados entre varios varones. Clarín consultó a expertos. Recomiendan evitar el término “manada”.

El grupo de WhatsApp se llamaba "La Manada". Reunía a cinco amigos nacidos en Sevilla entre 1988 y 1991. En 2016, los cinco fueron denunciados por una mujer que aseguró que la habían violado durante las fiestas de San Fermín, en Pamplona. El nombre del grupo de WhatsApp sirvió para dos cosas: para que los medios de comunicación españoles y del mundo identificaran rápidamente a ese colectivo de varones denunciados, y para que los hacedores y consumidores de esos medios de comunicación asemejaran a los cinco hombres a los animales, a lo salvaje, a algo que quedase lo más lejos posible del tío, el vecino o el maestro.

En la Argentina, el caso más reciente se conoció este fin de semana: una joven de 21 años denunció que cuatro varones la violaron en una fiesta en Luján de Cuyo, Mendoza. Los cuatro tienen entre 19 y 23 años y están detenidos. Se investiga si el sedante para caballos que fue encontrado en la escena fue utilizado para dejar inconsciente a la victima y abusar de ella. Los ataques sexuales grupales ya habían sido noticia durante el último mes de 2019.

Ese diciembre una chica de 17 años denunció que había sido violada por siete varones en una plaza de Luján. También durante ese mes, una joven radicó una denuncia por violación contra cuatro hombres en un centro de estética de La Rioja. Otra chica de 18 años denunció por violación a un grupo de diez hombres: según contó, la agresión sexual se produjo en Villa Carlos Paz. En San Martín, una adolescente de 13 años denunció a cinco chicos de entre 13 y 15 años de haberla violado durante la noche de Navidad. "En manada" se leyó, se escuchó y se vio por televisión.

"Nombrando como manada equiparamos a seres humanos con animales salvajes. Lo que pasa es que cometen un acto inhumano pero son seres humanos y no hay que borrar esa marca", dice Yael Bendel, titular del Ministerio Público Tutelar de la Ciudad. De la mano de esa reflexión, anticipa que hacia mediados de febrero el organismo que encabeza publicaría una guía destinada a medios de comunicación para que se hable de "violación en grupo" o "violación en banda": "Delitos como el robo están tipificados como 'en banda' en el Código Penal", explica.

Según un relevamiento de la organización civil La Casa del Encuentro, que lleva un registro de femicidios desde 2008 —desde mucho antes de que el Estado recabara cifras de esas muertes—, hubo entre ese año y 2018 300 víctimas con indicios de abuso sexual. En 27 casos —casi uno de cada diez— hubo dos o más femicidas involucrados: el delito fue grupal.

Dado que el trabajo del Ministerio Público Tutelar es con niñas, niños y adolescentes, su titular reflexiona: "Pareciera que el delito de la violación en grupo da a sus autores una especie de pertenencia al grupo. La pandilla muchas veces se arma porque es un lugar en el que el adolescente es aceptado. Hay que preguntarse qué pasa con el adolescente que se queda en ese grupo cuando no quiere quedarse, qué posibilidades tiene de salir, y hay, sobre todo, que deconstruiraquello que hace sentir pertenencia a los adolescentes si va en este sentido".

"Hay muchos grupos feministas que cuestionan hablar de violación 'en manada' porque oculta que es un grupo de varones. Los adolescentes o pibes muy jóvenes que participan en este tipo de delitos han sido criados con la concepción de que es casi un derecho abordar los cuerpos de las mujeres de esa forma: acosarlas en la calle, violarlas. La creencia machista es que una mujer puede decir que no, pero que en realidad le gusta lo que le estén haciendo", explica el médico psiquiatra Enrique Stola.

Según analiza, "las violaciones en grupo pasan a ser como rituales de reconocimiento de macho a macho: participando se logra pertenecer, ser un macho, ser valorizado". "Quienes participan no lo van a reconocer, pero en realidad lo que los calienta es la calentura de los otros machos, porque la mujer no existe ahí: en ese momento circula sobre todo energía homoerótica", suma Stola. "El grupo es estimulante en lo erótico y, a la vez, es coercitivo porque si alguno está más o menos débil en cuanto a la acción que están por cometer, se le exige que la haga. A la vez, el grupo disculpa y borra la idea de delito".

Para la historiadora Dora Barrancos, que fue miembro del directorio del Conicet, "una violación en grupo es una actitud de envalentonamiento mutuo donde, a la vez, los machos compiten a ver quién es el más eficaz, quién somete más, quién hace más alarde: en medio de un acto violento hacia la mujer, hay también violencia entre esos varones, es un acto meta-violento". Según sostiene, "la grupalidad en el orden patriarcal para ejercer la sexualidad no es demasiado extraña: hay allí competencia y darle coraje al otro; hace no tantos años una patota de jóvenes acompañaba al que iba a iniciarse al lupanar".

"Una violación grupal es una horda de varones que cosifican el cuerpo de una mujer que, para ellos, tiene como valor fundamental la experiencia de sexualidad que le dan esos varones. La única posibilidad de que esto cambie es remover de raíz las fijaciones de sentidos patriarcales que están tan arraigadas en nuestra sociedad", sostiene Barrancos. 

"Está creciendo la cantidad de varones que autocritican la formación que recibieron justamente por ser varones. Pero también crece el número de los que se reconocen como machistas y están muy enojados con las mujeres. Es un momento en el que todas las mujeres están sintiendo el impacto de las movilizaciones que producen los feminismos, y en ese contexto, el dispositivo de dominación masculina dentro de una sociedad patriarcal refuerza las conductas dominantes sobre los cuerpos de esas mujeres. Por ejemplo, a través de estas violaciones", reflexiona Stola, y suma: "Es lo que ocurre siempre entre dominante y dominado: cuando hay una tendencia a liberarse, el otro ajusta".

"Hay que empeñarse en ilustrar en perspectiva de género, en implantar efectivamente la ley Micaela —que capacita en cuestiones de género al personal del Estado— y que toda la sociedad esté conmovida por estas circunstancias. En ese sentido, pedimos a la población masculina que revise los depósitos arcaicos y violentosdel patriarcado: eso permitirá deconstruir tanta hostilidad que, por supuesto, incluye y perjudica a los propios varones", asegura la historiadora.

Barrancos, Stola y Bendel coinciden en señalar una herramienta fundamental para empezar a desarmar esa estructura patriarcal en la que ocurren estas violaciones grupales. "La implementación de la Educación Sexual Integral es fundamental: hay que enseñarles a niñas y niños desde muy pequeñitos a relacionarse respetuosa y democráticamente con el propio cuerpo y con los otros cuerpos. Ese aprendizaje horada la ideología de poder que el patriarcado mete por todos lados", sostiene Stola. Y desmenuza: "Lo de democrático tiene que ver con reconocer la existencia del otro, la otra, en una simetría de poder, y no en una asimetría".

"Hay que hacer prevención y proponer una nueva matriz de socialización a través del sistema educativo y desde el jardín de infantes: para hacer eso, la ESI es una herramienta fundamental, aunque no la única", suma Barrancos. Bendel insiste: "Es importante que llamemos a esto como lo que es: palabras que describan a seres humanos que cometieron un delito". Algo que deje claro que las violaciones en grupo ocurren cerca, a cualquier hora del día, sin que hagan falta ni las vías de un tren, ni una calle oscura, ni "un monstruo" de los que, nombrados así, nos ponen siempre del lado de los buenos.

En los últimos diez años en Argentina hay un promedio de un femicidio cada 30 horas. Según estadísticas de la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema, sólo en 2018 fueron 278. La mayoría de los asesinatos ocurren en las casas de las víctimas y son cometidos por parejas o ex.

DÓNDE LLAMAR

Línea 144

Atención para mujeres en situación de violencia.

Línea 137

Atención a Víctimas de Violencia Familiar.

911 Emergencias

Se puede consultar la nota aquí.